Tomado de http://aktivasolutions.com/blog_AsistenciaVirtual/2009/11/¿aislan-o-no-las-nuevas-tecnologias/Aunque es un tema trillado en estas épocas, las redes sociales se han convertido en la herramienta más fuerte para expresar las ideas. En Colombia, la ejemplificación de esta afirmación se dio el pasado 4 de febrero de 2008, cuando las calles de las ciudades más importantes del país se llenaron de gente luciendo camisetas blancas y gritando a viva voz en pro de los secuestrados por los grupos armados. Este fue el caso más sonado, pero a partir de allí las redes sociales no han parado de convocar gente para que expresen sus ideas y promuevan ideologías y pensamientos.
En realidad, como están las cosas en estos temas, hoy bien me pregunto ¿cómo se manejaba el personal hace unos 40 años para convocar a multitudinarias protestas? Es difícil de comprenderlo, pero los tiempos van cambiando y en estos momentos, simplemente no nos imaginamos un movimiento político sin un grupo en la red social Facebook. Soy un convencido de que el internet es el instrumento de expresión de ideas del futuro –y del presente- donde se encuentran todo tipo de personas en pro de un fin común y de interés a los agrupados.
El más reciente hecho que presencié tiene que ver con los decretos expedidos por el Gobierno Nacional con ocasión de la Emergencia social decretada a finales de 2009. Después de encontrar que en todos los medios de comunicación se presentaban muchas opiniones oponiéndose a algunas de las disposiciones incluidas en las mencionadas normas, opté por leer algunos de ellos, evidentemente por el sistema de búsqueda de normas más eficiente: internet. Así pues, encontré que efectivamente algunos de ellos se encontraban por fuera de los fines y objetivos plasmados en la Constitución Política frente al derecho a la salud, el cual, recientemente, por medio de la sentencia T-760 de 2008 de la Corte Constitucional, había sido declarado como un derecho fundamental por sí mismo que podía ser protegido individualmente (en contraposición a como se concebía anteriormente, cuando debía ser protegido sustancialmente solo si encontraba afectado otro derecho fundamental).
En efecto, noté que me encontraba de acuerdo con muchas las opiniones que había leído y escuchado en los medios de comunicación respecto de obligar a que aquellos medicamentos o servicios asistenciales que se encontraban por fuera del plan obligatorio de salud, debían ser sufragados por el usuario a como diera lugar, situación que anteriormente no sucedía para las personas de escasos recursos que lograran demostrar en el trámite de una acción de tutela que no contaban con el dinero suficiente para pagarlos.
Pues bien, al sentar mi criterio frente a alguna de las disposiciones de los decretos emitidos con ocasión de la Emergencia social, el paso a seguir, como evidentemente ocurre por instinto natural, es tratar de buscar un espacio en el que tuviera oportunidad de manifestar mi opinión en el tema, sin encontrar fortuna en las situaciones de “la realidad real”.
Pasaban dos o tres días, era martes 26 de enero y no había tenido oportunidad de sentarme y discutir de estos temas en compañía de personas que pudieran aportar a la conversación y acudí a Facebook en busca de ayuda. Como era de esperarse, encontré tres grupos que tenían por títulos sugestivos en contra de las mencionadas disposiciones, de los cuales opté por uno de ellos al encontrar que tenía cuatro mil y pico de integrantes.
Estando en el mismo, encontré opiniones interesantes, oportunidad precisa para dejar plasmada la mía y notar cuanta gente tenía un criterio similar frente a la problemática planteada. El grupo en cuestión, pasó de tener cuatro mil personas a tener ochenta mil en sólo tres días. En ese momento, fue que tuve el motivo para escribir estas líneas. ¿Por qué razón no había encontrado alguna de esas cuatro mil a ochenta mil personas para discutir del tema? En ese momento noté que la pregunta correcta era ¿Por qué no había acudido a las redes sociales a encontrar discusiones del tema?
En realidad, como están las cosas en estos temas, hoy bien me pregunto ¿cómo se manejaba el personal hace unos 40 años para convocar a multitudinarias protestas? Es difícil de comprenderlo, pero los tiempos van cambiando y en estos momentos, simplemente no nos imaginamos un movimiento político sin un grupo en la red social Facebook. Soy un convencido de que el internet es el instrumento de expresión de ideas del futuro –y del presente- donde se encuentran todo tipo de personas en pro de un fin común y de interés a los agrupados.
El más reciente hecho que presencié tiene que ver con los decretos expedidos por el Gobierno Nacional con ocasión de la Emergencia social decretada a finales de 2009. Después de encontrar que en todos los medios de comunicación se presentaban muchas opiniones oponiéndose a algunas de las disposiciones incluidas en las mencionadas normas, opté por leer algunos de ellos, evidentemente por el sistema de búsqueda de normas más eficiente: internet. Así pues, encontré que efectivamente algunos de ellos se encontraban por fuera de los fines y objetivos plasmados en la Constitución Política frente al derecho a la salud, el cual, recientemente, por medio de la sentencia T-760 de 2008 de la Corte Constitucional, había sido declarado como un derecho fundamental por sí mismo que podía ser protegido individualmente (en contraposición a como se concebía anteriormente, cuando debía ser protegido sustancialmente solo si encontraba afectado otro derecho fundamental).
En efecto, noté que me encontraba de acuerdo con muchas las opiniones que había leído y escuchado en los medios de comunicación respecto de obligar a que aquellos medicamentos o servicios asistenciales que se encontraban por fuera del plan obligatorio de salud, debían ser sufragados por el usuario a como diera lugar, situación que anteriormente no sucedía para las personas de escasos recursos que lograran demostrar en el trámite de una acción de tutela que no contaban con el dinero suficiente para pagarlos.
Pues bien, al sentar mi criterio frente a alguna de las disposiciones de los decretos emitidos con ocasión de la Emergencia social, el paso a seguir, como evidentemente ocurre por instinto natural, es tratar de buscar un espacio en el que tuviera oportunidad de manifestar mi opinión en el tema, sin encontrar fortuna en las situaciones de “la realidad real”.
Pasaban dos o tres días, era martes 26 de enero y no había tenido oportunidad de sentarme y discutir de estos temas en compañía de personas que pudieran aportar a la conversación y acudí a Facebook en busca de ayuda. Como era de esperarse, encontré tres grupos que tenían por títulos sugestivos en contra de las mencionadas disposiciones, de los cuales opté por uno de ellos al encontrar que tenía cuatro mil y pico de integrantes.
Estando en el mismo, encontré opiniones interesantes, oportunidad precisa para dejar plasmada la mía y notar cuanta gente tenía un criterio similar frente a la problemática planteada. El grupo en cuestión, pasó de tener cuatro mil personas a tener ochenta mil en sólo tres días. En ese momento, fue que tuve el motivo para escribir estas líneas. ¿Por qué razón no había encontrado alguna de esas cuatro mil a ochenta mil personas para discutir del tema? En ese momento noté que la pregunta correcta era ¿Por qué no había acudido a las redes sociales a encontrar discusiones del tema?

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